Cuando hablamos de preparar el coche para el invierno, casi
todos pensamos en neumáticos o cadenas. Pero la realidad es otra: la mayoría de
averías invernales no vienen de lo evidente, sino de pequeños componentes
que el frío termina de rematar.
En las líneas de inspección de Red Itevelesa vemos cada invierno cómo el frío extremo saca a la luz defectos que en verano pasan desapercibidos. Estos son los puntos ciegos que suelen acabar en llamadas a la grúa en cuanto llega el primer temporal serio.
¿Sabías que el gasóleo puede volverse viscoso como la gelatina? Este fenómeno, llamado gelificación, ocurre cuando la parafina del combustible se cristaliza por el frío.
Aunque es muy raro que la gasolina llegue a congelarse en condiciones normales, sí existen matices importantes que conviene conocer sobre cómo afecta el frío a los distintos tipos de combustible. El RACE lo explica en detalle en este artículo sobre si se puede congelar la gasolina del coche, especialmente en situaciones de frío extremo o en zonas de alta montaña.
Riesgos principales
- Bloqueo de lo filtros de combustible
- Fallos de arranque
- Paradas inesperadas durante la conducción
Cómo detectarlo
Tirones, pérdida de potencia o dificultad al arrancar el vehículo
Solución recomendada:
Mantén el depósito por encima de la mitad para reducir la condensación y evita dejar el coche estacionado durante la madrugada en zonas extremadamente frías, cuando el combustible es más propenso a solidificarse.
El parabrisas en invierno es una de las partes más vulnerables del vehículo. El enemigo número uno del cristal es el contraste térmico.
Errores frecuentes que provocan roturas:
- Agua caliente: descongelar la luna con agua hirviendo puede provocar que el cristal estalle de forma instantánea.
- Calefacción al máximo: dirigir aire muy caliente directamente al cristal frío puede expandir microrroturas invisibles y convertir un pequeño impacto en una grieta irreparable.
- Limpiaparabrisas congelados: accionar los limpiaparabrisas cuando las escobillas están pegadas por el hielo puede dañar el motor del sistema, doblar los brazos o romper las gomas, reduciendo drásticamente su eficacia y comprometiendo la visibilidad.
Solución segura:
Utiliza líquido limpiaparabrisas con anticongelante (hasta -20 °C) y elimina el hielo con una rasqueta de plástico o alcohol específico.
El frío no “mata” la batería, pero sí revela su verdadero estado. A temperaturas próximas o inferiores a 0 °C, la reacción química interna de la batería se ralentiza, lo que reduce su capacidad para entregar energía. Al mismo tiempo, las bajas temperaturas espesan el aceite del motor, exigiendo un mayor esfuerzo al arrancar justo cuando la batería ofrece menos potencia.
Consejo experto:
Si tu batería tiene más de 4 años, el invierno será su prueba definitiva. Un chequeo preventivo con un polímetro puede evitar que te quedes tirado en el momento más inoportuno.
Las nevadas dejan paisajes espectaculares, pero también una amenaza invisible: la sal que se esparce en la carretera para fundir el hielo. Es fundamental para la seguridad vial, pero devastadora para la estructura metálica del vehículo.
¿Por qué la sal provoca corrosión?
Al mezclarse con la nieve, la sal crea una salmuera que se adhiere a los bajos del coche y acelera la corrosión de forma exponencial.
Zonas más afectadas:
- Pasos de rueda
- Discos de freno
- Chasis y bastidor
- Sistema de escape
- Elementos suspensión
Lo que en verano tardaría años en oxidarse, con la sal puede ocurrir solo en semanas.
¿Quieres viajar tranquilo? Pide cita en Itevelesa.com y asegúrate de que tu coche está realmente preparado para el invierno. La prevención siempre es más barata que la reparación.


